La obra de Marecelo Pogolotti




Impulsor del modernismo en Cuba, Marcelo Pogolotti (La Habana 1902- 1988) estuvo en la primera generación de pintores cubanos que defendió e instauró este movimiento artístico junto a Carlos Enríquez, Eduardo Abela y bajo la tutela de Víctor Manuel. A diferencia de estos, junto a Fidelio Ponce de León, no comparte el gusto por el colorido, más bien se opone a la emoción con una sobriedad cromática que reafirma su intencionalidad temática y estética. Además de su destacada obra pictórica, desarrolló una intensa labor como ensayista, novelista y crítico de arte. Creaciones como Paisaje cubano (1933) –importante exponente de las condiciones sociales de la época-, El Alba, El Muelle y La Zafra, tienen gran importancia para el patrimonio de la plástica cubana.

Comienza en 1919, estudios de Ingeniería y Filosofía en la Sorbonne de París, pero los abandona para matricular, en 1923, en The Art Students' League de Nueva York, Estados Unidos. Al año siguiente visita Rótterdam, París –aquí se siente atraído por el Surrealismo- y Madrid. En 1927 participa en la importantísima Exposición de Arte Nuevo, convocada por la Revista Avance –este evento marcó pautas para la plástica de la Isla-; fija residencia en Italia (1929) e integra el Movimiento Futurista, expone en varias ciudades de la península y en la galería Royale de París (1931). En esta muestra se aleja del maquinismo y comienza a experimentar con formas abstractas; simultáneamente trabaja en la serie de dibujos Nuestro Tiempo (1930-1931).


Fue miembro fundador del primer grupo de pintores sociales de Europa y participa en la exposición de Artistas Revolucionarios en París (1934 y 1935) con Leger, Lhote y Lipchitz entre otros. Colabora con la Revista Commune y en 1938, expone en la Galería Carrefour de París. Ese mismo año pierde la vista. A partir de entonces reside en México y Cuba.
Su pintura es esencialmente social y política, en la que denuncia los males de una pseudorrepública que oprime y explota a obreros, que también se rebelan; aparece la especulación financiera de Wall Street.

La obra de Cundo Bermúdez


Considerado uno de los representantes de la llamada Escuela de La Habana –según la crítica y artista cubana Lesbia Vent Dumois-, el pintor Cundo Bermúdez (La Habana el 3 de septiembre de 1914- noviembre de 2008) por derecho propio pertenece al patrimonio artístico de la nación. El último maestro de la segunda generación de la vanguardia cubana del siglo pasado. Fue en 1949, miembro fundador de la extinta Asociación de Pintores y Escultores de Cuba (APEC). Entre sus obras se encuentran: Flautista, Marta, Desnudos en mediodía, Saltimbanquis, Después de la función y Trío. Siempre ha estado asociado a Mariano, Carreño, René Portocarrero y Martínez Pedro. Por sus 80 cumpleaños, en 1994, la Casa de Subastas Sothebys le dedicó una velada conmemorativa.

Cundo Bermúdez comienza estudios en el Instituto de La Habana (1926) y luego en la Academia de Artes Plásticas “San Alejandro” en la década del 30. En 1941 se gradúa de Derecho y Ciencias Sociales en la Universidad de La Habana. Años más tarde estudia también en la Academia “San Carlos” de México. Su debut en el panorama internacional de las artes plásticas ocurrió en el año 1943 cuando el Museo de Arte Moderno presentó a tres exponentes de la vanguardia inicial: Amelia Peláez, Fidelio Ponce de León y Carlos Enríquez. Junto a ellos, dos jóvenes que posteriormente potenciaron su talento: Mario Carreño y Cundo Bermúdez. A partir de ese momento, el artista trabajó duro para establecerse tanto dentro como fuera de Cuba; pero era una etapa difícil donde el arte era un lujo de pocos y Cundo tuvo que colgar sus cuadros en el parque Albear.


Entre sus exposiciones personales más importantes se encuentran: “Cundo Bermúdez. Gouaches y Acuarelas”, Liceo de La Habana, 1942; Palacio de Bellas Artes de México en 1946; Palacio de Bellas Artes de Buenos Aires, Argentina, 1946; “Exposición de Cundo Bermúdez” Instituto de Arte Contemporáneo de Lima, Perú, 1957; “Cundo Bermúdez Painting/ Alfredo Lozano Sculpture”, Galería de Arte Bacardí, Miami, Florida, 1974; Museo de Arte Moderno de América Latina, Washington, Estados Unidos, 1979.


Participó en exposiciones colectivas, entre otras,: “Muestra de Arte Contemporáneo”, Liceo de La Habana, 1941; “Una Muestra de Pintura y Esculturas Cubanas”, Instituto José Gómez Sicre de La Habana, 1943; “1era Bienal de Arte de Sao Paulo”, Sao Paulo, Brasil, 1951. Fue reconocido con los premios, entre otros,: Mención Honorable “Segunda Bienal de San Juan del Grabado Latinoamericano”, Puerto Rico, 1972; “Citas Foundation Fellowship”, Nueva York, 1973. Parte de sus obras se encuentran en colecciones en Museo Nacional de Bellas Artes de La Habana y del Hotel Riviera, Cuba; Museo de Arte Moderno de Nueva York; Metropolitan Museum and Art Center, Miami, Florida.

La obra de Eduardo Abela


Eduardo Abela (San Antonio de los Baños, Cuba, 3 de julio de 1891-La Habana 9 de noviembre de 1965), pintor, caricaturista y muralista cubano célebre además de por sus óleos, por el personaje de El Bobo –devino la picaresca criolla-mediante el cual realizó acusaciones por la realidad social de la época.

Aunque en sus inicios laboraba como tabaquero, se decide con 20 años estudiar en la Academia de Artes Plásticas “San Alejandro” en 1912. También ejerció el Periodismo Gráfico como caricaturista, por lo que comienza a publicar dibujos humorísticos en periódicos habaneros. Para entonces crea el personaje muy popular El Bobo como un instrumento de lucha contra la dictadura de Gerardo Machado.
En la década del 20, Abela reside por un tiempo en España aprendiendo de las nuevas corrientes, e irrumpe en el panorama de las artes plásticas en 1927. Su encuentro con el entonces joven escritor Alejo Carpentier lo lleva a la corriente surrealista y le propone la temática negra –la influencia africana en la cultura cubana- en sus obras, línea que siguieran en la música Amadeo Roldán y Alejandro García Caturla. Desprendido de prejuicios, Abela presenta, con éxito de crítica y de público en general, los lienzos de su serie Rumberos y Danzantes. Por estos tiempos el artista aparece en la nómina de pintores de la Galería Zak, de París, Francia, desde Cuba.


Eduardo Abela se suma a la Revista Avance y su lenguaje adquiere una actualización, exhibe junto a otros artistas en la Muestra de Arte Nuevo. Desde finales de la década del 20 hasta mediados del 30, Abela se incorpora a la campaña política contra Gerardo Machado hasta el fin de este, que marcó el fin de su labor caricaturista, de su personaje El Bobo y se reencuentra con la pintura. Le motivan entonces temas cubanos: La comparsa, Camino de Regla y Los funerales de papá Montero. Este retorno lo realiza a través del muralismo y con el tema guajiro en el centro de sus creaciones. También un viaje a Italia –luego de la huída del tirano Machado es designado Cónsul de Cuba en Milán- en el cual se fascina por la pintura renacentista da paso a su breve etapa clásica y criolla –Santa fe, Guajiros, Los novios y Retrato de Carmen - con obras paradigmáticas y decisorias en el desarrollo de la pintura cubana moderna.


Fue fundador del Estudio Libre para Pintores y Escultores, en 1939, para alentar la libertad creadora y anteponerse a la rigidez del academicismo; recibe en Guatemala el Premio Nacional de Pintura en 1947. De vuelta en Cuba en 1954, produce pequeñas joyas las cuales exhibe en la Galería de La Habana, 1964. Con el triunfo de la Revolución cubana sirvió a la diplomacia.

Taller de joyería de San Alejandro

El Taller Fundamental de Joyería de la Academia Nacional de Artes Plásticas San Alejandro cumplió en este mes 16 años de creado como especialidad, en 1996 aunque siete años después se creara como Cátedra Independiente. Su labor se caracteriza por la vinculación de la más estricta enseñanza técnica de la orfebrería con las demás manifestaciones artísticas, además de brindar al panorama cultural cubano una consolidada orfebrería por su estética resultado de la exigencia técnica y la libertad creativa de sus ejecutores.

Los que deseen admirar sus obras y dialogar con sus artistas podrán llegarse al Museo de la Orfebrería de la Oficina del Historiador de la Ciudad, en el Casco Histórico de La Habana Vieja, espacio en el que no solo se han organizado exposiciones, sino también conferencias y proyección de audiovisual.


Un ciclo de conferencias abrió las celebraciones con temas interesantes como “La orfebrería y su relación con el resto de las manifestaciones artísticas en los estudios del Taller Fundamental de Joyería”, “Últimas tendencias de la joyería contemporánea” y “La orfebrería cubana en las primeras décadas del periodo revolucionario”.
Con curaduría de los especialistas Marlén Piloto, Alena Méndez y Georgina Muñoa se inauguró la exposición “Convergencias”.


La realización de un panel con especialistas como la curadora Marlén Piloto, el escultor y fundador del taller Miguel Ángel Martínez Pulgarón, el periodista Rodolfo Zamora y la directora del Museo de la Orfebrería Alicia Calzada, le dio la oportunidad al público de interactuar con estudiosos y artistas del taller.


El próximo 31 de agosto Sandra Fuentes Guevara, directora de San Alejandro, presentará la multimedia del Taller Fundamental de Joyería de la Academia Nacional de Artes Plásticas San Alejandro.

La obra de Adigio Benítez



Adigio Benítez (Santiago de Cuba, 26 de enero de 1924), pintor cubano, dibujante y diseñador gráfico en sus inicios, Premio Nacional de Artes Plásticas 2002 –otorgado por el Consejo Nacional de las Artes Plásticas del Ministerio de Cultura de Cuba, por el conjunto de toda su obra- y Premio Nacional de Enseñanza Artística (2003). Ha diseñado carteles –entre ellos uno de los más conocido es el dedicado al líder sindical Jesús Menéndez, Premio de la Prensa Obrera de Cuba en 1948-, vallas e ilustraciones de libros. Sus inicios datan de la década del 40 cuando publica sus caricaturas y dibujos políticos en la prensa liberal de la época (Periódico Hoy de La Habana), mientras sus primeros óleos los realiza en 1953. Se gradúa en 1949 de la Escuela de Bellas Artes “San Alejandro”.
Profesor fundador de la Escuela Nacional de Artes Plásticas y el Instituto Superior de Arte –en 1987 este instituto le otorga la categoría de Profesor de Mérito-. Presidió la Asociación Internacional de Artistas Plásticos –entre 1979 y 1983- y es miembro, desde su creación, del Consejo Nacional de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC). Su labor como promotor de las artes plásticas es meritoria, tanto como jurado de salones - Trienal de la Pintura Realista Comprometida en Sofía (Bulgaria) en el año 1976-, concursos y comisario de exposiciones de arte cubano. Ha realizado más de treinta exposiciones personales y ha participado en más de cien exposiciones colectivas nacionales e internacionales. Ha publicado cuatro cuadernos de poesía y ha hecho seis murales –cuatro en Cuba y dos en México-. Tiene obras en colecciones –cubanas y extranjeras- tan importantes como Arte Cubano del Museo Nacional de bellas Artes de la Habana, en [Casa de las Américas] de La Habana, Instituto Superior de Arte, entre otras.
Entre sus exposiciones personales están: "Óleos, dibujos y poemas de Adigio Benítez"(1962 y 1963) en las galerías de La Habana, Oriente, Cienfuegos y Matanzas; "Adigio Benítez. Obreros, máscaras y paisajes" (1964); "Adigio Benítez. Exposición retrospectiva" Museo Nacional de Bellas Artes, La Habana, 1965; Beldades y trebejos. Pinturas y dibujos de Adigio Benítez" Centro de Prensa Internacional, La Habana, 1996. Exposiciones colectivas: Segunda Bienal Interamericana de México. Palacio de Bellas Artes, Museo Nacional de Arte Moderno, México, D.F., México (1960); en 1961 VI Bienal de Sâo Paulo Museu de Arte Moderna. Parque Ibirapuera, Sâo Paulo (Brasil); Bienal de La Habana. Museo Nacional de Bellas Artes, La Habana, 1984; entre otras.
Ha recibido varios reconocimientos importantes como Orden Alfredo López. Sindicato de la Prensa y el Libro, por 25 años o más de labor en el sector (1963); Medalla "Alejo Carpentier" (1990); Orden "Félix Varela" de 1er grado. Medalla " José María Heredia". Santiago de Cuba, 1994, entre otras.

Jorge Arche


Jorge Arche (Las Villas, Cuba 6 de abril de1905- Cádiz, España  9 de noviembre de 1956) fue un pintor que prefirió el retrato, al cual le debemos originales obras en los que recogió la esencia de Fernando Ortíz, Juan Marinello, Rita Longa y Emilio Rodríguez. Fue un discípulo informal de Víctor Manuel, de ahí su preferencia por el modernismo al cual se acercó prácticamente de forma empírica, autodidacta.
Su acercamiento profesional a las artes plásticas sucede a través de dos academias: primero la Fundación Villate en 1918 y más tarde, en 1921, la Academia San Alejandro, donde se gradúa. Gran amigo de Arístides Fernández, frecuentó las tertulias de Emilio Rodríguez, espacio donde coincide con Fidelio Ponce de León, Mariano Rodríguez, René Portocarrero, entre otros artistas.
Su debut en el circuito de las artes plásticas lo realiza en 1935, cuando se da a conocer tras haber ganado uno de los premios de la Primera Exposición Nacional de Pintura y Escultura por La Carta. Dos años más tarde, en 1937, realiza un mural en la Escuela Normal para Maestros de Santa Clara y colabora en el Estudio Libre para Pintores y Escultores, organizado por Eduardo Abela.
Jorge Arche viaja en reiteradas ocasiones a México, donde realiza obras de temas mexicanos, incluyendo paisajes. A partir de 1938 se considera su mejor época. Organizó junto a otros graduados de San Alejandro, en 1940, la creación de la Escuela de Artes Plásticas de Camagüey.  Para entonces, su obra, según los críticos, “es de enérgica y serena seguridad”. Su acercamiento al retrato en esta etapa no lo alejó de otras inquietudes como el paisaje. De esta etapa destaca su José Martí de guayabera y con la mano en el pecho, retratos a Ramón Grau San Martín, a Lezama Lima, Víctor Manuel, entre otros. Muere en el mejor momento de su carrera artística, a los 51 años de edad.
Obras más destacadas: Retrato de Arístides Fernández (1933, óleo sobre tela, 90,5 x 74cm, se encuentra en el Museo Nacional de Bellas Artes); Autorretrato (1935, óleo sobre tela, 84 x 63cm, se encuentra en el Museo Nacional de Bellas Artes); La Carta (1935, óleo/tela, 84 x 71cm); Trabajadores (1936, óleo/cartón, 63,5 x 52,5cm, se encuentra en el Museo Nacional de Bellas Artes); Mi mujer y yo (1937, óleo/tela, 122 x 162cm, se encuentra en el Museo Nacional de Bellas Artes); Retrato de Lezama (1938, óleo/tela, 84 x 71,5cm, Casa Museo José Lezama Lima); Retrato de Emilio Rodríguez Correa (1941, óleo/madera, 86,5 x 71,5cm); José Martí  (1943, óleo/madera, 86 x 68,5cm); Retrato de Víctor Manuel (1944, óleo/tela, 76 x 65,5cm); Paisaje México (1947, óleo/tela, 72,5 x 56cm); Retrato de Rita Longa (1942, óleo/tela, 91,6 x 76,5cm, Colección Familia de Rita Longa); Retrato de Don Fernando Ortiz (1941, óleo/madera, 86,5 x 71cm); Primavera o descanso (1940, óleo/tela, 127 x 152cm, se encuentra en el Museo Nacional de Bellas Artes), entre otras.

Yampier Sardina Esperón



Yampier Sardina Esperón nació en la ciudad de La Habana, Cuba, en 1979. Realizó estudios en la Escuela Elemental de Artes Plásticas "20 de Octubre" (1995-1997) y en la Academia Nacional de Artes Plásticas "San Alejandro" (1997-2000), ambas en su ciudad de origen. Posteriormente fue aceptado por la prestigiosa Hudson River School for Landscape de Nueva York, pero al no poder concretar sus planes para salir a Estados Unidos, continuó su preparación en su país. Fue discípulo del reconocido maestro Arturo Montoto, con quien posteriormente realizó varios proyectos murales, entre los que destaca Entre cielo y tierra (2008), que simboliza un llamado a la protección del entorno y que se exhibe permanentemente en la sede de la sociedad civil Patrimonio, Comunidad y Medio Ambiente, en La Habana Vieja. Desde los primeros años de su formación ha participado en numerosas exposiciones colectivas en Cuba y en el año 2007 formó Proyecto Exis, junto con los artistas cubanos Ernesto López Sao, Alexey López Matos, Yaumil Hernández Gil y Daniel Griñán González. Con ellos presentó numerosas muestras de pintura figurativa, entre las que sobresalen Buen Apetito (2007), Diálogos (2008), Convergencias (2008), Paisaje Interior (2008) y El mérito y la ilusión (2008), en distintos recintos de La Habana. De manera individual ha presentado su trabajo en varias ocasiones, destacando las siguientes muestras llevadas a cabo en su país de origen: Imitaciones al pensar, en la Galería Rubén Martínez Villena (2003); La gran mentira, en la Galería Concha Ferrant (2005); El instante de lo real, en la Galería Acacia (2006), y Noli me tangere, en el Palacio del Conde de Lombillo (2006). Desde 2008 reside en el Estado de Veracruz, donde ha establecido su taller y continúa con la docencia, actividad que ha desarrollado a la par de la pintura. El placer del engaño es su primera exposición en la Ciudad de México.